Por qué hay que hacer una tesis y en qué consiste. Por Umberto Eco

Una tesis de doctorado es un trabajo mecanografiado de una extensión media que varía entre las cien y las cuatrocientas páginas, en el cual el estudiante trata un problema referente a los estudios en que quiere doctorarse. Según la legislación italiana, la tesis es indispensable para doctorarse. El estudiante, cuando ha rendido todos los exámenes prescritos, presenta la tesis a un tribunal de doctorado que escucha la exposición del ponente (el profesor con quien «se hace» la tesis) y los comentarios de los demás miembros, que ponen objeciones al doctorando; surge de ello una discusión en la que todos toman parte. De las palabras de los dos ponentes, que garantizan la calidad (o los defectos) del trabajo escrito, así como de la capacidad de que da prueba el aspirante para sostener las opiniones expresadas por escrito, nace el juicio del tribunal. Por otra parte, calculando la media del total de las notas obtenidas en los exámenes, el tribunal asigna una nota a la tesis, que puede ir desde el mínimo de sesenta y seis a un máximo de ciento diez, cum laude y privilegio de impresión. Por lo menos esta es la regla seguida en casi todas las facultades italianas de humanidades.

Una vez descritas las características «externas» del trabajo y el ritual en que se inscribe, todavía no hemos dicho mucho sobre la naturaleza de la tesis. Sobre todo, ¿por qué la universidad italiana exige, como condición para el doctorado, una tesis? Piénsese que tal criterio no es seguido por la mayoría de las universidades no italianas. En algunas hay varios niveles de graduación que pueden ser alcanzados sin tesis; en otras hay un primer nivel, que más o menos corresponde a nuestra laurea, que no da derecho al título de «doctor» y que puede ser alcanzado sencillamente con la serie de exámenes o con un trabajo de pretensiones más modestas; en otras hay diferentes niveles doctorales que requieren trabajos de varia complejidad… Pero por lo general la tesis propiamente dicha se reserva para una especie de superlaurea, el doctorado, al cual sólo acceden los que quieren perfeccionarse y especializarse como investigadores científicos. Este tipo de doctorado tiene varios nombres, pero de aquí en adelante nos referiremos a él con una sigla anglosajona de uso casi internacional, PhD (que significa Philosophy doctor, doctor en filosofía, pero que designa a todo tipo de doctores de humanidades, desde el sociólogo hasta el profesor de griego; para materias no humanísticas se emplean otras siglas, por ejemplo MD, Medicine doctor).

Además del PhD hay un nivel muy afín a nuestra laurea y que de aquí en adelante señalaremos con el término de licenciatura.

La licenciatura en sus varias formas se hace con vistas al ejercicio profesional, mientras que el PhD se hace con vistas a la actividad académica, lo que significa que quien consigue un PhD casi siempre inicia la carrera académica.

En las universidades de este tipo la tesis es siempre tesis de PhD, tesis doctoral, y constituye un trabajo original de investigación con el cual el aspirante ha de demostrar que es un estudioso capaz de hacer avanzar la disciplina a que se dedica. Y esta no se hace, como nuestra tesis de laurea, a los veintidós años, sino a una edad más avanzada, quizá incluso a los cuarenta o cincuenta años (si bien, obviamente, también hay PhD jovencísimos). ¿Por qué tanto tiempo? Porque se trata precisamente de investigación original, hay que conocer lo que han dicho sobre el tema los demás estudiosos y, sobre todo, es preciso «descubrir» algo que los demás no hayan dicho todavía. Cuando se habla de «descubrimiento», especialmente en humanidades, no se trata de inventos revolucionarios como el descubrimiento de la escisión del átomo, la teoría de la relatividad o un medicamento que cure el cáncer: también puede haber descubrimientos modestos, y se considera «científico» incluso un nuevo modo de leer y comprender un texto clásico, la localización de un manuscrito que arroja nuevas luces sobre la biografía de un autor, una reorganización y relectura de estudios precedentes que lleva a madurar y sistematizar ideas que vagaban dispersas por otros textos variados. En cualquier caso, el estudioso ha de producir un trabajo que, teóricamente, los demás estudiosos del ramo no deberían ignorar, pues dice algo nuevo (cfr. II.6.1).

¿Es de este tipo la tesis italiana? No necesariamente. De hecho, puesto que por lo general se elabora entre los veintidós y los veinticuatro años, mientras se rinden todavía los exámenes universitarios, no puede suponer la conclusión de un trabajo largo y meditado, la prueba de una completa madurez. Y sucede que hay tesis de laurea (hechas por estudiantes especialmente dotados) que son verdaderas tesis de PhD, y otras que no llegan a este nivel. Tampoco la universidad lo pretende a ultranza: puede haber una buena tesis que no sea de investigación, sino de compilación.

En una tesis de compilación el estudiante se limita a demostrar que ha revisado críticamente la mayor parte de la «literatura» existente (esto es, de los escritos publicados sobre su tema), ha sido capaz de exponerla con claridad y ha intentado interrelacionar los diversos puntos de vista, ofreciendo así una panorámica inteligente, quizá útil desde el punto de vista informativo para un especialista del ramo que no haya estudiado en profundidad tal problema particular.

He aquí, pues, una primera advertencia: se puede hacer una tesis de compilación o una tesis de investigación; o una tesis de «licenciatura» y una tesis de «PhD».

Una tesis de investigación es siempre más larga, fatigosa y esforzada; una tesis de compilación también puede ser larga y fatigosa (hay trabajos de compilación que han costado años y años), pero generalmente puede hacerse en menos tiempo y con menos riesgos.

Pero esto no quiere decir que quien hace una tesis de compilación se cierre el camino de la investigación; una compilación puede constituir un rasgo de seriedad del joven investigador que antes de empezar a investigar por su cuenta quiere tener claras algunas ideas documentándose bien.

Por el contrario, hay tesis que pretenden ser de investigación y que han sido preparadas apresuradamente; son tesis malas que irritan a quien la lee y no dan gusto a quien la hace. Por eso la elección entre tesis de compilación y tesis de investigación está ligada a la madurez, a la capacidad de trabajo del aspirante. Con frecuencia —y desgraciadamente— también está ligada a factores económicos, pues indudablemente un estudiante trabajador tiene menos tiempo, menos energía y casi siempre menos dinero para poder dedicarse a investigaciones prolongadas (que con frecuencia suponen la adquisición de libros raros y costosos, viajes a centros o bibliotecas extranjeros y demás).

Mas en este libro no podrán darse consejos de orden económico. Hasta hace poco, en todo el mundo la investigación era privilegio de los estudiantes ricos. No puede decirse que hoy día la mera existencia de becas de estudio, bolsas de viaje y fondos para permanencias en universidades extranjeras resuelva el problema para todos. El ideal es una sociedad más justa en que estudiar sea un trabajo pagado por el Estado, en que se pague a quien tenga verdadera vocación por el estudio y en que no sea preciso tener a cualquier precio el «trozo de papel» para encontrar un puesto, obtener un ascenso o pasar por delante de otros en una oposición.

Pero la universidad italiana, así como la sociedad de que es expresión, por el momento es como es; no podemos sino desear que los estudiantes de todas las clases puedan frecuentarla sin que esto les suponga sacrificios agotadores; y proceder a explicar cómo puede hacerse una tesis digna según el tiempo y la energía de que se disponga, ya que no la propia vocación específica.

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